¡Música, maestro! 3 Mitos musicales.

17.10.2017

Hoy me apetece hacer algo diferente, así que he decidido tratar de explicar un poco mejor el origen de la música según la mitología griega (que como ya sabemos, es la misma que la romana). 

Espero que os guste y saquemos algo en claro de cuáles fueron los motivos de la existencia de la música según nuestros antepasados. La música es algo que hoy en día todos tenemos al alcance de la mano pero en aquella época no había descubrimiento que no pasara antes por, como no, ¡muerte y destrucción! ¡Yuju!


MITO NÚMERO 1: La tortuga no tiene la culpa. 

Seguramente os preguntaréis el porqué del título de éste primer mito. Enseguida entenderéis lo que quiero decir y, seguramente, no volveréis a mirar a una tortuga de la misma forma.

Los protagonistas de ésta leyenda son Apolo y Hermes. Apolo era el Dios Sol, el Dios de las artes y la segunda figura más venerada en la antigüedad clásica después de Zeus. Se encargaba de las plagas, pero también de la curación, así que más valía estar a buenas con ése Dios. Era vengativo pero justo, muy poderoso y algo incontrolable. Supongo que más adelante habrá que hacer una entrada sólo con él y su carácter voluble y resplandeciente. El caso es que uno de los protagonistas es Apolo, y ya está.

El otro protagonista es Hermes, uno de mis Dioses favoritos. Era el Dios mensajero, protector de los viajeros, los mercaderes y los ladrones, de carácter afable y servicial, algo inocente y muy cuqui en general. Su nombre en la cultura romana era Mercurio. Se le representaba con las sandalias aladas que, por cierto, he descubierto que hay unas Adidas aladas que creo que caerán en breve. Pero en fin, que me despisto del tema, el segundo protagonista era Hermes.

Primero de todo hay que tener en cuenta que un bebé Dios no es un bebé normal. Hermes nació al cuarto mes y su madre, una pléyade llamada Maya, lo envolvió con telas para que no se escapara. Seguramente Hermes pensó "telitas a mí" porque por la noche se escapó mientras todos dormían.

Iba el bebé de cuatro meses Hermes por el campo "larí, laró" cuando encontró un rebaño supuestamente desprotegido que resultó ser el de su hermano Apolo (recordemos que tanto Hermes como Apolo eran hijos del gran Zeus, el follador vividor del Olimpo). El tema es que ni corto ni perezoso, Hermes robó parte del ganado. Cuando digo parte me refiero a doce vacas, cien terneras y un toro, casi ná. Les ató las colas a unas ramas y se fue andando hacia atrás para no ser descubierto. El único que presenció el robo fue un anciano llamado Bato, que, después de ver aquello, lo más probable es que pensara que se había dejado de tomar la medicación. El bebé sobornó a Bato con una vaca (lo que eran los sobres de aquella época) a cambio de su silencio y sacrificó el ganado a los Dioses. Después, algo cansado, se dirigió de nuevo a la cueva donde dormitaba su madre.

A la entrada de la cueva encontró una tortuga, y como parece que su sed de sangre no se había saciado del todo, la mató, la vació por dentro y utilizando el caparazón y los intestinos de las reses robadas inventó la lira. Luego se fue a la cama y se volvió a dormir como si nada hubiese ocurrido. 

Os podéis imaginar la ira de Apolo al descubrir que le habían robado el ganado a él, pues no hay nada peor para un Dios que lo pillen en un descuido. Bato le confesó (a cambio de dos vacas, resulta que al final el listo fue el anciano) que había visto pasar a un bebé arrastrando ciento y pico animales y ató cabos.

Llegó a la cueva de Maya y exigió una explicación, pero la pléyade le mostró a Hermes dormidito como un santo en la cuna y le dijo que cómo podía acusar a su bebé de hacer algo así, que era muy pequeño y que hay que ver.

Apolo no quedó contento y se marchó donde su papá para que mediara entre los dos. Zeus obligó a Hermes a restituir el ganado pero éste, en lugar de eso, le regaló la lira a Apolo a cambio de las vacas. Apolo quedó encantado con el trueque y es por eso que uno de sus símbolos es la lira.

Hermes le regala la lira a Apolo para volver a ser "amiguis"


Así pues, se puede decir que Hermes demostró ser un gran comerciante y, seguramente, el gran olvidado en la historia de la música, ya que él solito inventó uno de los instrumentos básicos de la época antigua.

A pesar de eso, los laureles como Dios de la música se los llevó Apolo. Eso pasa mucho, qué les voy a contar...

¿Y qué pasó con Bato? Pues nada, en un arranque de dignidad Apolo se disfrazó de hombre corriente y por codicioso y sobornable lo convirtió en piedra. No sé porqué tengo la sensación de que si esto pasara hoy en día, más de una sede política se convertiría en una cantera. 


MITO NÚMERO 2: ¿Esta flauta me hace gorda?

Os acordáis de los cuentos que nos leían de pequeños? Aquellos en los que siempre había una niña o un niño que se portaban mal, ya fuera porque engañaban al pueblo diciendo que venía el lobo, o desobedecían a su madre por fiarse de un lobo, o eran engañados por un lobo que les pasaba la patita por debajo de la puerte... la verdad es que no sé que manía tenían con los lobos...El caso es que en la época romana pasaba igual, aunque ellos adoraban a los lobos, al fin y al cabo una loba amamantó a sus líderes...en fin, que me voy del tema.

Lo importante es que esos cuentos eran lecciones disfrazadas para los niños, historias que nos contaban nuestros mayores para meternos el miedo en el cuerpo y que supiéramos como actuar si un lobo nos hablaba, y quien dice un lobo dice un desconocido, o un político...Sea como fuere, el siguiente mito habla de la vanidad, de cómo la vanidad nos puede llevar a ser muy, pero que muy desgraciados.

Una vez, estaba Atenea poniéndose fina en un banquete celestial cuando vio los huesos rechupeteaos de un ciervo y pensó "De aquí yo puedo sacar algo", así que se puso manos a la obra y: alehop! Inventó la flauta. La flauta de aquella época no es como la flauta de hoy en día, la que nos hacían tocar en el colegio. Os tenéis que imaginar una flauta (que en aquella época se llamaba aulós) fabricada con caña, madera o marfil (eso ya depende de cada bolsillo) compuesta por dos tubos agujereados y con dos lengüetas. Su sonido era bastante estridente y se utilizaba en la época arcaica para acompañar la poesía lírica.

Esto es un aulós, hoy en día todavía se hacen canciones utilizando este instrumento o uno muy parecido modernizado. La juerga padre, os lo digo yo. 


Ahora imagináos de nuevo a Atenea, divina toda ella, ilusionadísima con su nueva creación, tratando de sacar las melodías más bellas del aulós. Bueno, pues no os la imaginéis demasiado porque no duró mucho. En cuanto la diosa vio como se reían de ella Hera y Afrodita se enfadó como una mona. Se acercó al río Frigia, que supongo que sería lo más parecido que tenían a un espejo, y se puso a tocar de nuevo. Al verse tan horrible se sintió avergonzada y su vanidad hizo que arrojara la flauta muy muy lejos y prometiera terribles castigos a quien la encontrase. Que ya me dirás tu la necesidad, con tirarla era suficiente, pero ya estamos empezando a aprender que los Dioses no dan puntada sin hilo. 

Esta es Atena tocando el aulós, bonica porque sí...


Hasta aquí el preámbulo, digamos adiós a Atenea.

Un día, un sátiro llamado Marsias iba paseando tan tranquilo por el bosque cuando se encontró algo extraño en el suelo. "Oh" - dijo - "¿Qué podrá ser? Pues la flauta era, que iba a ser si no. Extrañado por aquél objeto, decidió soplarlo y salieron las más bellas notas que se habían oído jamás. Que no nos engañemos, eso era porque la flauta había sido creada por una Diosa, no porque él tuviese una habilidad especial. Toda la gente que lo oía quedaba prendado por aquella música, y no paraban de compararlo con el mismísimo Apolo. De Apolo ya hemos hablado, sí, el Dios vanidoso y orgulloso que convirtió en piedra a un pastor por haberlo engañado. Pues eso. A base de sentirse alagado, Marsias se creyó las palabras de su público y empezó a fardar y a decir que por supuesto, que Apolo era un pringao y que él tocaba mejor que nadie en el mundo. A Apolo  le faltó tiempo para personarse delante del sátiro y decir que si era tan chulito que venga, que hicieran un concurso, y propuso como jueces a las musas. Que eso tampoco era muy justo porque las musas eran sus propias hijas, así que había un poco de tongo.

En fin, el caso es que como en todo buen concurso, tenía que haber un premio para el vencedor. Apolo propuso que el ganador pudiese hacer con el perdedor lo que quisiera y Marsias, que debía estar de resaca para aceptar algo así, dijo que encantado de la vida. El concurso empezó y Apolo tocó la lira tortuguera que le había regalado Hermes. Por supuesto, la melodía fue bellísima pero Marisas consiguió igualarle y las musas estuvieron dividas en opinión.

Apolo y Marsias midiéndose, digamos, las flautas.

Es por eso que Apolo, para desempatar, le propuso que para hacerlo más intersante ambos tocaran sus instrumentos al revés y a la vez cantaran. Marsias volvió a aceptar, no entiendo porqué, y el final ya os lo podéis imaginar. Apolo dio la vuelta a su lira y canto una bella canción mientras que Marsias, al darle la vuelta al aulós trató de soplar por los pitorros y a la vez cantar, algo que fue un desastre de proporciones épicas.

Vaya vaya, dijo Apolo, pues he ganao. Pero como el dios era comprensivo y valoraba el talento de su adversario, finalmente le perdonó y le creó una constelación a su nombre...

¡Venga ya! ¿Os lo habéis creído? Por favor...

Apolo cogió a Marsias, lo llevó a una cueva, lo ató y lo desolló vivo. Luego colgó la piel de un pino y la sangre de malogrado sátiro formó el río Marsias, almenos algo se llevó el pobre hombre.

¿Os creéis que a Apolo le importan mucho los gritos de Marsias?

Y así niños, es como aprendemos que la vanidad nos lleva a lugares feos feos, bueno, menos la de Atenea y Apolo, que como eran dioses pues claro, vivieron felices y comieron perdices.


MITO NÚMERO 3: La curiosidad mató a mi mujer. 

O más que matarla, la devolvió a los infiernos, lo que es todavía peor.

El último mito del que vamos a hablar es uno de los más famosos de la historia antigua y ha influido no sólo a artistas de todas las épocas si no también a filósofos como Platón.

Se trata del mito de Orfeo y Eurícide, una historia romántica donde las haya, llena de música, amor, desgracia y muerte.

Nuestra historia empieza con Orfeo, hijo de Apolo y de Calíope, la musa de la poesía narrativa. Eso ya podía dar a entender que nuestro protagonista se iba a convertir en uno de los mejores músicos de la historia, pues, como todos sabemos, de casta le viene al Galgo.

Efectivamente, Orfeo podía cantar y tocar de tal manera que conmovía a humanos, animales, árboles, ríos y piedras, por ése orden. Cuando tocaba la lira, los hombres se reunían para oírlo y hacer descansar sus almas y fue uno de los principales poetas y músicos de la Antigüedad. Inventó la cítara y la lira de nueve cuerdas. Antes, la lira tortuguera de Apolo tenía siete cuerdas, pero Orfeo le añadió dos cuerdas más en honor a las musas, que eran nueve.

Orfeo tocando para sus más fieles seguidores. Hay una tortuga en la parte inferior derecha que intenta escapar. 


Vamos, que Orfeo era lo más, y por eso Jasón se lo llevó con él y con los Argonautas de expedición para encontrar el vellocino de oro. Fue la música de Orfeo la que aplacó los peligrosos cantos de las sirenas y ayudó a los hombres a no pelearse mientras estuvieron en Argo, que era como se llamaba el barco de los argonautas, (como siempre, muy originales con los nombres).

Después del viaje Orfeo volvió a Tracia donde se enamoró de la ninfa Eurídice. El sentimiento era mutuo y ambos decidieron casarse e invitar a la boda a Himeneo, el dios del Matrimonio. Sí, el nombre del dios del matrimonio empieza por himen...¿casualidad?

El caso es que el día de la boda, una serpeiente venenosa mordió a Eurídice en el talón, según algunas fuentes mientras huía de Aristeo, un apicultor. Que yo no puedo dejar de imaginarme a un señor con el traje ese espacial que llevan los apicultores persiguiendo a la ninfa. El caso es que tras las complicaciones de la mordedura, Eurídice murió.

Aquello fue un drama, Orfeo se lamentaba amargamente por la pérdida de Eurídice y tocaba canciones tan tristes que todas las ninfas y todos los dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo en busca de su amada. No sé si para ayudarlo o para que dejara de amargarles la existencia.

El caso es que para el inframundo que se fue Orfeo acompañado únicamente de su lira y su talento y todo el mundo por allí abajo se conmovió tras oír su canto. Hizo detener por primera y unica vez los tormentos del inframundo y ablandó los corazones de Hades y Perséfone, los reyes del cotarro. Estos le concedieron la gracia de llevarse el alma de su amada Eurídice de los infiernos con una única condición, una instrucción sencilla que hasta un niño de seis años podría seguir: que él caminase delante de ella y no mirase atrás hasta que hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos de sol bañasen a su mujer. Orfeo se marchó feliz, acompañado de su amada que caminaba más despacito por el dolor que le producía la picadura de la serpiente. sortearon muchos peligros pero durante todo el trayecto Orfeo no volvió la cabeza para asegurarse de que Eurídice estuviese bien.

¡Vamos, moza, que ya estamos llegando!


Pero claro, la historia no acaba aquí, cuando llegaron a la superficie, Orfeo volvió la cabeza para ver a su amada pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol y aún tenía un pie en el camino del inframundo, así que se desvaneció de su vista, para siempre. Menudos eran, los dioses.

En ese momento Orfeo trato de volver al inframundo pero a Caronte no se la dió dos veces, y por mucho que tocó y tocó, el barquero le dijo que venga, que pa'rriba ya, que a otro perro con ése hueso.

Después de aquello, Orfeo se pasó siete días sin comer y luego decidió que no quería saber nada más de mujeres y que se pasaba a los hombres. De hecho, algunos escritos consideran a Orfeo el primer icono LGTB reconocido de la historia, ya que fue el primero en mantener relaciones amorosas con personas de su mismo género. Humano, claro, ya que los dioses llevaban eones haciéndolo.

Sea como fuera, Orfeo no acabó bien. Algunas historias dicen que las mujeres, despechadas, lo despedazaron y tiraron al río su cabeza y su lira, otras que se suicidó por la pena de haber perdido a su amor, pero lo más curioso es que este es uno de los pocos mitos que acaba medianamente bien. Cuando Orfeo murió, se reunió con Eurídice en el mundo de los muertos y pudo morar para siempre en los Campos Elíseos.

Preciosa estampa de la cabeza de Orfeo encima de su lira. 


Y hasta aquí los tres mitos relacionados con la música, espero que os hayan gustado. Yo me voy ya que hoy tengo que hacer de canguro a mi sobrino, eso sí, antes voy a dejar a buen recaudo a mi tortuga, que no me fio ni un pelo.

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